martes, 31 de enero de 2012

Cinefilia o la resurección del VHS

Ante el súbito fracaso de los sitios de Internet que pasan películas gratis y fácil, y luego de dos noches de intentos vanos por cargar una película en la compu desde las cinco de la tarde, tuvimos que recurrir a otras formas de ver cine. Y fue así que mi marido sugirió ver una película que teníamos guardada en el cuarto de la herramientas (el mismo donde hace un mes apareció una rata).
Como los detalles importan, paso a describir la escena:
Desde el fondo del departamento llegó mi marido con el VHS en la mano. El mismo estaba cerrado, nuevo, con su envoltura plástica intacta, y un sticker pegado en la tapa que decía "LIRA 31.999 ". Lo sostuve bastante tiempo pensando cómo era posible que hubiéramos guardado una película sin verla desde hacía más de diez años.
Resulta que lo habíamos comprado en Italia en 1998 junto con otras que sí vimos y nos habían decepcionado. La pobre película corrió una suerte pésima por la fama de sus compañeras.
Y fue así que la vimos, con defectos de tracking por momentos, con los colores lavados, y con el volumen alto por lo defectuoso del sonido viejo, y  !SIN SUBTITULOS!
El film es una rareza de esas que se producían a montones en Italia, bastante mala en cuanto a lo formal, pero con la brillante actuación de Massimo Troisi, el recordado actor de Il postino, haciendo de napolitano paralítico psicosomático. Me reí a carcajadas entrecortadas como en las películas de Nanni Moretti, y redescubrí mi amor por la lengua italiana, que estaba tan olvidado como este VHS.

martes, 24 de enero de 2012

Los muppets, la película

La última película de Los Muppets es tan innecesaria como lo fueron las anteriores.
El público en general, desea ver lo mismo en pantalla grande, y cuando esto no se cumple, sale decepcionado.
En este film, al no haber programa de televisión emitiéndose, se debe recurrir al metametayrecontrametalenguaje para poder contar algo.
Las dos líneas de las historia no están bien cruzadas. La relación de Walter con los Muppets no está ni siquiera abordada. Algo típico de los Muppets, la autoreferencia, la evidencia constante de que todo es una parodia, ni la consideraron para esta producción.
Sí hay algunos buenos momentos musicales como el número de los cuadros en la casa de René, o el del "hombremuppet". La actuación de Amy Adams es quasi bochornosa, y eso que había demostrado lo suyo en "Encantada" y otras comedietas románticas. Jason Seagel siempre hace lo mismo, y Jack Black se luce más en Kung Fu panda doblada. Aún así, me resulta más imperdonable que no se hayan explotado las personalidades de los propios muñecos, que son simplemente geniales ( o eran, en la tele). Tampoco ayudó tanta expectativa.
Otro de los problemas que tienen todas las películas de Los Muppets es que cambian humor por sensiblería.
Igual, vale la pena que la vean los mayores de 35, dejando a los chicos jugando a la Play o las Barbies, que es el lenguaje propio de esta generación.

lunes, 5 de diciembre de 2011

El Cine y la Comida


Páginas y páginas se llenaron en los años ´90 cuando desembarcaban en la Argentina los primeros proyectos de cadenas de cine yanquis (Cinemark, Showcenter, Village, etc.) y la principal preocupación era que los pochochos iban a dominar la cartelera.
Después de muchos años de lucha despareja, el público argentino (como cualquier otro)  sucumbió al maíz acaramelado y así fueron cerrando todos las salas tradicionales.
Este artículo no intenta ser nostalgioso (aunque recuerdo “La carpa del amor” en el Rivera Indarte, “La novicia rebelde” en un Gaumont glamoroso, o la reposición maravillosa de “Lo que el viento se llevó” en el Metro).
Este artículo intenta reinvindicar un poco al odiado pochocho, haciendo un repaso entre la eterna y sabia relación que existe entre cine y comida.
Veamos un poco: en sus orígenes el cine era escecialmente corto. A medida que se fue desarrollando como entretenimiento se tropezó con un escollo que aún hoy no pudo resolver del todo: ¿Cómo se cuenta una buena historia con una cámara? O ¿ Cómo hacer para que el público resista sin romper la sala por el bodrio que se está proyectando?
El cine mismo se ha ocupado históricamente de mostrar aquellas proyecciones de pueblo donde rompían todo, abucheaban cuando algo no les gustaba o liberaban su líbido frente a un desnudo parcial.
El cine, como objeto de exhibición, servía para que el vulgo se descargue. ( Cabe aclarar que era al revés que ahora, cuando los pobres iban al cine y los ricos al teatro). Y en esta descarga tan necesaria como peculiar no podía faltar la comida. Y así respondo las dos preguntas que yo misma hice más arriba. Con un buffet, kioskito, vianda, golosinas o lo que sea, se digiere cualquier película.
Por eso pienso que el cine y la comida siempre estuvieron de la mano. Y si hoy te encontrás con dos pisos enteros destinados a la venta insolente de nachos, pochoclos, candys, gaseosas de máquina, pizzas, empanadas, cervezas, hace muchos años los jóvenes eran mandados a las matinées, con varios sánguches de milanesa para que pasaran ahí toda la tarde. Y entonces, sumergidos en el sudor ajeno, en el erotismo de verse sin sus padres, y en el olor de tan variados menúes, esa horda de púberes desaforados disfrutaban de los seriales de “El zorro”, “Tarzán” o lo que fuera. Las madres chochas de sacarse de encima a tanto crío un sábado a la tarde y por eso los mandan bien cargaditos.
Los tiempos han cambiado, ya lo creo. Pero cuando tenés que soportar a los piratas del bochorno 4, qué mejor que dejar la sala un ratito, pedirte un café y otro balde de pochcoclos para que tus hijos no rompan las butacas mientras saltan por el 3D. Así todas las películas son bárbaras, o dicho de otra manera: la salida fue un éxito aunque nadie vaya a recordar el filme.
Una sola pregunta me queda al respecto: ¿ Los empleados del cine, a qué sindicato pertenecen: al del espectáculo o al gastronómico?

sábado, 22 de octubre de 2011

Glee o la capitalización del rechazo

Ver Glee sin conocer la serie es lo mismo que ver a Batman con su traje sin saber lo que sufrió de chico Bruno Díaz al presenciar la muerte de sus padres.
Siempre hay un inicio, y la prehistoria de Glee no tiene desperdicio.
Había una vez un gran estudio de cine de animación que además estaba empezando a liderar en televisión infantil. Pero ellos querían más. Y ahora iban por los adolescentes. Y se propusieron retratar el mundo de los jóvenes en las sufridas "High Schools" donde la discriminación, la intolerancia, y el maltrato hacia los diferentes son moneda corriente. Entonces nació un proyecto único, novedoso, que fue un éxito rotundo y catapultó a tres de sus protagonistas a ese podio tan amado por los norteamericanos: la fama.
Pero la contracara de este cuento no es tan buena. Entre los miles y miles de postulantes para el casting de High School Musical, quedaron elegidos unos pocos bellos y musculosos, y los más "raros" y de verdad talentosos, fueron de relleno.
Y a alguien se le ocurrió la brillante idea de reunir a varios de los que fueron rechazados en aquel casting para hacer un nuevo proyecto, o al menos esa fue la noticia de prensa. Y así nació Glee.
Como una serie de tímida realización donde se destacan básicamente la historias de todos estos adolescente llamados "loosers", rápidamente acaparó el interés de los espectadores y se convirtió, paradójicamente, en un éxito.
Llevando el guión a extremos insospechados como embarazos adolescente y posterior entrega del bebé, homosexualidad, trastornos de alimentación, de conducta, pobreza, racismo, discapacidades y otras cuestiones, la serie se fue consolidando casi como una telenovela donde en lugar de amar a los dos protagonistas, acá se venera a un grupo diverso.  Ya lleva tres temporadas galardonadas con los mejores premios y seis discos editados. Suficiente para hacer una película.
Aprovechar el éxito en caliente. Porque es un mega éxito. Y eso es lo que más muestra la película: el universo Glee y sus posibilidades de transformar a aquellos excluídos por una sociedad híper competitiva como la de E.E.U.U. Con partes documentales de adolescentes contando sus verdaderos sufrimientos, y con letras de canciones que levantan las banderas de la igualdad, el respeto y la tolerancia, pero no desde lo discursivo, sino desde la realidad. Porque quien sigue Glee sabe la historia y la prehistoria de esos chicos talentosísimos que sufrieron la exclusión de Disney Channel pero que hoy tienen más fans que el ratón Mickey. Porque otro de los méritos de Glee es usar las historias o realidades de los actores para crear luego los personajes.
Es evidente que son muchos más los jóvenes excluídos que los aceptados, y quizás eso explique el suceso de Glee. 
Glee no es una gran película, ni siquiera es una película como tal. En realidad es una sucesión de temas musicales cantados por todo el elenco de la serie en una gran show en Los Angeles, intercalado con testimonios documentales de chicos excluídos.
Una propuesta demasiado simple que nos invita a sacar ese adolescente looser que todos llevamos dentro.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Habemus Cinem de autor

La última y esperadísima película de Nanni Moretti llegó a los cines con un despliegue de producción nunca antes visto para el director comunista italiano. Lo más sorprendente ( y a tener en cuenta) es que normalmente los excesos de costos distraen un poco de la historia o la estética.
Éste no es el caso.
Nanni se pasea discretamente entre decorados ampulosos de Cinecittá, actores soberbios y mezcla de formatos como si nada de eso existiera. No lo digo desde el mal sentido, sino todo lo contrario.
Una de las premisas de toda película es que ningún rubro sobresalga. Por ejemplo, al decir ! Qué buen vestuario! porque es una película sobre la era victoriana, se manifiesta la falta de trabajo de guión, actuaciones, y (mucho más difícil de disernir) en la dirección.
Por eso me gusta la película Habemus Papam, así como admiro profundamente la cinematografía de Moretti.
En esta última película Nanni se apoya en un guión mucho más sólido que en sus anteriores cintas y construye casi una tesis de la depresión. Con algún que otro apoyo en Resnais, (quizás), las angustias de un personaje se van aclarando de a poco tanto para él mismo como para el espectador. 
Es una película cuya historia va creciendo, y eso no se ve muy a menudo. Una gran oportunidad para no dejar pasar cuando esté en internet o en DVD. Con soberbias actuaciones de todos los hombres del Vaticano, tiene también un trabajo de arte muy destacable, la acertada elección del tema de Mercedes Sosa, el humor sutil de Moretti cada vez que aparece que roban carcajadas contenidas del inicio. Aún reconociendo que el montaje no es su fuerte, la película es una sorpresa.
Siendo una película sobre hombres no es para nada misógina.
Creo que es lo mejor que se vió este año en las salas, no porque sea una gran película en sí, sino porque él es un gran director. Alguien que tiene un pensamiento sobre la vida, sobre la religión, sobre el amor, sobre el deporte, sobre la psicología, sobre el arte, y lo sabe trasmitir con simpleza y emoción. 
Valió la pena esperar tanto tiempo.
!Hasta la próxima, Nanni!

jueves, 29 de septiembre de 2011

El árbol de la vida

Lo bueno de ver una película mala es que al rato te olvidás. Hace apenas dos horas salí de ver “El árbol de la vida” y luego de putear a más no poder, la verdad es ya me olvidé de casi todo.
El argumento podría resumirse así: Sean Pean ( sí, ése que siempre está angustiado) es un megacorporativo que sube a un ascensor en un edificio hípermoderno vidriado en una urbe monstruosa, y en ese trayecto va  a tener un flashback ( es un recurso cinematográfico que evoca escenas del pasado). Dicho recuerdo nos lleva a su propia infancia, con un padre anticuado y un poco severo, una madre joven, hermosa y anacrónicamente delgada para la época en la que vive, un barrio platónico en los suburbios de alguna ciudad sureña de Norteamérica, muchos pibes de la cuadra con quienes hacer travesuras y pasto (mucho pasto).  También están sus dos hermanos, uno de los cuales muere al principio de la película, y  cielo (demasiado cielo!).
En realidad el film no empieza de esta manera, esto es lo que se va entendiendo si se logra soportar la cinta entera.
Hay varias partes posibles para dejar al sala: la primera 
(y absolutamente anárquica) es en las primeras cinco o seis tomas, donde se ve a una nena en la pradera y una voz en off que enuncia de modo susurrado algo sobre dios y las monjas.
La segunda es cuando comienza una sucesión de imágenes incomprensibles sobre el mundo y sus bellezas compaginadas con música sacra. Y la tercera es cuando aparece Sean Penn. 
Si hasta ahí no te fuiste, bueno, sos un mártir.
Sin embargo la película es honesta consigo misma desde el inicio y va a seguir chorreando ideología católica hasta el último fotograma. Toda la película podría defirnirse como un gran rezo, con metáforas sobre Caín y Abel :la relación entre los dos hermanos , la aparición de una mujer plácida al final que emula a la virgen.Todo el film es como un éxtasis religioso que sólo los muy creyentes pueden comprender pero no por eso disfrutar.
Al leer un poco sobre la vida del director se comprende un poco el tema de este film. Según dicen, él perdió a su propio hermano y no lo pudo superar. Unos van al psicólogo, otros se confiesan, algunos se tragan el dolor, él hizo una película.
Y el público? Bueno, que se la banque. 
Porque el film está lejos de ser la emotiva visión sobre la muerte de un hijo que propone Jim Sheridan en el fabuloso film "En América", pleno de emoción de principio a fin y con personajes súper queribles.

"El árbol de la vida" es una película distante, fría, solemne, odiosa.
La cámara tiene delirios de grandeza y pasa de un detalle en el pasto a un planeta flotando, de una medusa suave a un volcán violento, de una ola furiosa a un dinosaurio (SI!!! APARECE UN DINOSAURIO IGUAL QUE EN JURASIC PARK), y además muestra personajes de espalda y de nuca como si eso indicara depresión, tristeza o angustia. La música es gloriosa, sublime, apoteótica, grandilocuente, e intenta describir no sé si la obra del señor creador, o el dolor del personaje. En fin...  todo esto le valió el premio máximo del mundo cinematográfico europeo, de ahí al Oscar hay sólo un paso.
La cara triste de Brad Pitt en el afiche habla de un drama humano, pero no dice nada de un dinosaurio depredador que “se apiada” de su presa. 
“El árbol de la vida” ( el título sí es acertado) es una película sobre cómo la fe nos salva del dolor.
Y esto me parece tan hipócrita como en su  momento me disgustó “The hurt locker” de Kathryn Bigelow (Oscar mejor película 2010) y su asquerosa ideología pro bélica escondida en el concepto de que era una mirada poética sobre la guerra.
Esta película es pura ideología religiosa.
En estos tiempos convulsionados en los que el mundo católico se divide en fervor hacia el nuevo papa, y denuncias por abusos sexuales sistematizados y conscientes por parte del clero,  qué mejor que una película humana que retrate el drama de una familia tipo americana de los idílicos años cincuenta.
Reconozco que fui en misión casi suicida, motivada por la noticia  de que la gente salía de las salas y exigía que le devolvieran la plata de la entrada. 
El trailer era más que elocuente, mi marido pensó que estaba basada en un libro de Paulo Coelho.
Casi, casi.

domingo, 4 de septiembre de 2011

cine argentino 2 /Tango, el exilio de Gardel


Como trabajo final del curso de Montaje que enseñaba en la Universidad de Palermo, proponía a los alumnos que eligieran un director para hacer un análisis profundo y sustancioso de su obra. Alumnos muy cumplidores todos, respondían muy bien a dicha consigna. Aunque sólo en parte. Ninguno era capaz de lograr un análisis ni sustancioso y mucho menos profundo. Así que me tuve que contentar simplemente con que pudieran elegir a un director.
Se repetían algunos: Tim Burton, Robert Zemeckis y varios más.
Pero uno fue revelador. Primero por ser argentino, y segundo por haberse retirado hace ya bastante de la actividad cinematográfica estándar. 
Era Fernando Pino Solanas.
Algunos años después del mencionado episodio y gracias a la ley de medios, tuve el raro privilegio de volver a ver “Tango, el exilio de Gardel” por en Incaa Tv.
Segunda sorpresa: una película que tenía olvidada, ahora me conmovía casi hasta las lágrimas.
Fernando Pino Solanas siempre fue un artista activista político.
Con películas como "La era de los hornos” y "Los hijos de fierro" (una verdadera experiencia surrealista) cobró notoriedad dentro del mundo del cine, y se ganó merecida fama internacional. Pero lo interesante de su filmografía es que no desmerece la forma por sobre el contenido, casi todo lo contrario. Una especie de Ken Loach más poético.
"Tango..." no está exenta de nada de eso, y está filmada magistralmente y con recursos burdos a la vez (como el doblaje del personaje que interpreta el propio Solanas). Y esto le da una originalidad y un aporte valiosísimo.
La historia cuenta como un grupo de artistas bohemios exiliados en París, intenta realizar una obra musical para expresar todo lo está pasando en la Argentina con la dictadura.
De esta forma logra un punto de vista diferente, mucho más europeo, y mucho más naif a la vez. Porque este grupo tiene tanta angustia como esperanza, tanto miedo como valor.

Bailarines, músicos, poetas, dramaturgos, todos buscando desesperada e inconscientemente al gran tanguero olvidado, de quien el exilio los había separado. Un grupo desamparado que trata de contar lo terrible de la dictadura a través del drama, pero es tanta la desolación en la que están inmersos que no pueden.
Ese tango que buscan y que no llega, lo encuentran al final los jóvenes que levantan una bandera diferente a la de sus padres, que entienden y apoyan su lucha, pero son capaces de construir su propio camino, de reformular la música y las lágrimas de quienes no encuentran a sus desparecidos.

Una película notable porque propone una visión vanguardista de un tema que aún todavía no se resolvió del todo, y al que el arte le aporta mucho más que las decisiones políticas. Y que le valió a la Argentina una ubicación privilegiada en los grandes festivales del mundo, butaca que había perdido hacía bastante.
Fernando Pino Solanas no es mejor que otros directores contemporáneos, pero posee una solidez narrativa, poética e ideológica que ningún otro tuvo ni ( a estas alturas) tendrá.

Antes de terminar, me parece apropiado contar qué sucedió con aquel osado alumno que lo eligió como tema de su final de Montaje.
El chico se expresó acotadamente, casi temeroso, con un lenguaje propio de Internet.
Al terminar su exposición se retiró para esperar su nota, y la docente que compratía la mesa comingo se dio vuelta y me miró fijamente. Luego me aduló a más no poder por el exámen que había presenciado. Yo intenté ser modesta diciendo que el chico tenía todo el mérito, pero ella tajante y elegantemente me siguió felicitando considerando que había sido mi responsabilidad como docente.
Juro que me convenció y el chico se fue con un merecidísimo diez. 
( O un ocho, la verdad es que no me acuerdo).